Diciembre, el último mes del calendario, es un período de cierre y reflexión, donde algunas culturas celebran el solsticio, un momento simbólico de oscuridad y renovación. Este ciclo de la naturaleza, que culmina con el retorno del Sol Invictus (el “Sol invencible”), nos ofrece una poderosa metáfora para el momento crítico que vivimos en relación con la crisis climática y la pérdida de biodiversidad. En este diciembre, en medio de la penumbra de la inacción global, es esencial recordar que la oscuridad es solo temporal, y que el renacimiento del sol —un símbolo de esperanza y renovación— puede ser la oportunidad de despertar a una nueva conciencia ambiental.
El año 2024 llega a su fin con una sensación palpable de estancamiento en los frentes de la biodiversidad y el cambio climático. A pesar de las promesas de las últimas cumbres internacionales, como la COP 16 de Biodiversidad en Cali y la COP 29 de Cambio Climático en Bakú, los avances siguen siendo insuficientes frente a la magnitud de los problemas que enfrentamos. Los compromisos de reducción de emisiones y protección de la biodiversidad, aunque valiosos en sus intenciones, no han alcanzado la urgencia necesaria ni la escala requerida y mucho menos el financiamiento adecuado para cambiar el rumbo.
La oscuridad de la inacción persiste, y con ella, las amenazas sobre la biodiversidad y el clima se intensifican, como si el sol estuviera eclipsado por una sombra impenetrable. En este sentido, diciembre, lejos de ser un momento de celebración, se convierte en un recordatorio de lo lejos que estamos de lograr los avances que necesitamos para mantener la vida en el planeta.
Pero en medio de esta oscuridad, diciembre nos invita a mirar hacia el Sol Invictus, el retorno de la luz después del solsticio. En muchas culturas, este evento se celebra como la victoria del sol sobre la oscuridad, un símbolo de esperanza y renovación. El Sol Invictus no solo marca el regreso de la luz, sino que nos recuerda que siempre hay una oportunidad para renacer, para reconstruir y para avanzar, incluso cuando el futuro parece sombrío.
Este diciembre, la metáfora del regreso del Sol Invictus debería ser un punto de inflexión. No podemos permitirnos seguir esperando que otros lideren el cambio. Las soluciones están al alcance de nuestras manos, pero exigen un esfuerzo conjunto, una voluntad colectiva para desafiar las estructuras económicas y políticas que han perpetuado las crisis interconectadas que enfrentamos. Debemos exigir una gobernanza más coherente, con metas concretas y evaluables para frenar la pérdida de biodiversidad y el calentamiento global. La ciencia nos ha dado las respuestas, ahora es el momento de implementarlas.
Diciembre, con la promesa del Sol Invictus, es más que un cierre de año: es una oportunidad para empezar de nuevo, para transformar la oscuridad de la inacción en la luz de la acción decidida. A medida que el sol brilla en nuestro cielo, debemos asegurarnos de que la luz también regrese a nuestras conciencias y a nuestras políticas. Es el momento de despertar, de renovar nuestras energías y de luchar, con determinación y sin descanso, por un futuro donde la biodiversidad y el clima sean priorizados por encima de todo.
Natalia Calderón
es directora ejecutiva, Fundación Amigos de la Naturaleza