En la primera semana de su gobierno, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto en práctica los fundamentos del sistema político y el orden mundial que pretende implementar en los próximos cuatro años de su administración política, dejando en vilo tanto a migrantes, mandatarios, estadounidenses y a empresarios mundiales.
En un claro mensaje contra sus adversarios políticos, horas después de la toma de su posesión, Trump anulaba la decisión de Joe Biden sobre Cuba junto con una larga serie de órdenes ejecutivas. Su predecesor había retirado una semana antes a la isla de la lista de países que patrocinaban el terrorismo, para fomentar la liberación de presos políticos, decisión que fue aplaudida por La Habana.
Horas después, la administración Trump reconoció al opositor Edmundo González Urrutia como “presidente legítimo” de Venezuela, asestando así un fuerte golpe al gobierno de Nicolás Maduro, quien había sido posesionado como mandatario una semana antes. Un día después de su posesión, Trump firmó un memorando de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos con el que autoriza el envío de 10.000 soldados más a la frontera con México, específicamente a San Diego, en California, y El Paso, en Texas (actualmente hay 2.500 efectivos en esos pasos fronterizos).
Trump aduce una emergencia nacional en la frontera con México, diciendo que “la soberanía de Estados Unidos está bajo ataque”. La inmigración fue una promesa clave de campaña de Trump: ha hecho repetidas promesas de sellar la frontera y aumentar la vigilancia. El pasado viernes comenzaron los vuelos de deportación de migrantes ilegales desde territorio estadounidense.
Desde que ocupó el Salón Oval, Trump descerrajó una batería de decretos con importantes promesas de campaña para mostrar una presidencia arrasadora con las prioridades de su mandato. El miércoles pasado, el mandatario estadounidense amenazó concretamente a Rusia con imponerle impuestos, tarifas y sanciones si no hay un acuerdo con Ucrania para finalizar la guerra. Al día siguiente, hablando por vídeo desde la Casa Blanca a la cumbre anual del Foro Económico de Davos, en Suiza, Trump conminó a las empresas globales a “fabricar en Estados Unidos” o “simplemente pagar aranceles”.
Además, el líder republicano, que descarta la transición hacia energías limpias, instó a los países productores y exportadores de petróleo a bajar los precios del crudo. Recordemos que en su primer mandato Trump dejó aranceles contra Europa, golpes al orden multilateral, bofetadas a la crisis climática, amenazas varias a sus aliados en este lado del Atlántico. “Europa es un enemigo”, llegó a afirmar.
El segundo mandato no se anticipa mejor. En los hechos, el retorno de Trump es resultado de un golpe posiblemente mortal contra lo que queda de la democracia en Estados Unidos, y su segundo mandato debe ser de luto para lo que queda de esa república imperial. Su regreso al poder se debe a la profunda disfunción del sistema político.
El autocalificado “país de la libertad” está encabezado por un violador y abusador sexual, un estafador, un campeón de la mentira y un golpista que amenaza con usar a las autoridades judiciales y fuerzas de seguridad, incluyendo las militares, para reprimir a sus opositores y a los migrantes.
Trump significa la anulación de derechos civiles, laborales y ambientales y otras conquistas sociales de las últimas décadas dentro del país. Con él en el poder se impulsará la xenofobia, se continuará la censura de libros, se garantizará el derecho sagrado a tenencia de armas de fuego; siempre y cuando los más ricos se hagan aún más ricos con su venta.
El presidente Trump ha enviado un mensaje fuerte y claro al mundo entero. Ante este mensaje, los principales actores mundiales están ante el imperioso desafío de elaborar sus estrategias de reacción ante la sacudida de nacionalismo económico que promete la presidencia trumpista. Mientras tanto, lo cierto es que, desde el pasado lunes 20 de enero, parte de los estadounidenses y el mundo entero hemos ingresado a vivir tiempos de incertidumbre y zozobra.
*Es periodista y analista internacional