El titular podría ser: “Hay salida, pero será larga y sembrada de obstáculos”. Desde su pesimismo por el rumbo del país, su preocupación por la crisis múltiple y una elevada incertidumbre, los líderes apuestan por los comicios como factor de inflexión. Claro que hay niebla el día después. El corto plazo, más que cambio o al menos transición, puede traer fusible. He ahí los liderazgos consultados en el reciente estudio Delphi de la Fundación Friedrich Ebert (FES).
Veamos los datos. Sobre el contexto, predomina la inquietud por la crisis económica, asociada en especial al aumento de precios y las escaseces. Puede empeorar hasta fin de año. En cuanto a la política, el centro crítico está en la debacle institucional y la grosera judicialización. Hay esperanza de mejora. Es fuerte la preocupación por la conflictividad, pero se cree que la polarización puede afrontarse pacíficamente. El enfrentamiento no es inevitable.
Una percepción delicada es la muy alta desconfianza en las instituciones. Ninguna se salva. Navegan en la regularidad, menos mal, el TSE y la Defensoría del Pueblo. Hay aplazo a la penosa gestión del Gobierno. Pero también se evalúa como pésimo el desempeño de la oposición política. Entre los líderes, pues, prevalece el escepticismo. ¿Y sus sentimientos sobre el futuro? La incertidumbre en primera línea, con atisbos de rabia/miedo y una tímida esperanza.
¿Qué muestra el espejo Delphi en torno a las elecciones? Buenas noticias: llegaremos al 17 de agosto, el árbitro perdura bien, el proceso será limpio. Pero hay ansiedad por algunos riesgos: acciones judiciales en contra del proceso, territorios donde no se pueda votar, probables hechos de violencia y, lo más pertinaz, actores relevantes que, manual en mano, desconozcan el resultado. Los comicios están razonablemente garantizados, pero la legitimidad de origen será frágil.
Los liderazgos lo saben. Asumiendo que habrá jornada de votación (faltan solo 34 días), nada está dicho sobre la in/gobernabilidad poselectoral. Es muy meritorio tener comicios transparentes, plurales y participativos (esta vez lesionados por exclusiones), pero la fragmentación anticipa un juego de perdedores en minoría. Tendrán que pactar. Ojalá sea lejos de los vicios de la “democracia pactada” y de las prácticas de bloqueo decisorio.
Líderes ante el espejo roto. ¿Su voz está cerca/lejos de la voz de la ciudadanía? Las instituciones, las urnas, importan. La calle también. “¿Por qué tomarse la molestia de hacer elecciones?”, pregunta Przeworski. Y responde: Porque, aunque tienden a ser “impotentes”, son un método irrenunciable para procesar de manera pacífica nuestras disconformidades y diferencias. Toca.
FadoCracia canalla
- Nuestro paisaje digital está poblado de personajes pintorescos. Hay de todo. Son divertidos algunos especialistas en predecir el pasado. 2. Ahí están economistas como el Nostradamus de Alasitas. Quiere hacer análisis, pero le salen chistes. Es rehén de su ego. Hay también periodistas, como el pitoniso parlante. Quiere primicias, pero nunca le achunta. No puede con sus traumas de infancia. 3. Rebosantes de hígado, son figuras en exhibición. Pero lo suyo es la nimiedad. Sigan participando. 4. Lo peligroso para la conversación pública son los operadores mediáticos. En ello habitan los que van detrás de la verdad, los candidatos fallidos, los que maniobran con brújula, los kawsachun de trinchera, en fin, los que “no mienten”. 5. Que los medios están polarizados y polarizan es un lugar común. El riesgo es hacerlo desde las cloacas. No están ahí, todavía, pero hacia allá van algunos. 6. El 17A traerá consigo la recomposición del campo político. Enhorabuena. ¿Y la urgente regeneración del campo mediático? 7. ¿Qué hacer? Supongo que las señales deben venir desde los propios periodistas y sus hoy disminuidas organizaciones. La democracia necesita medios decentes.
*Es politólogo