El 6 de agosto, Bolivia conmemoró su Bicentenario, dos siglos marcados por la lucha, la resistencia y el renacer constante de un país diverso, desafiante y profundamente simbólico. En estos 200 años de vida republicana —o más recientemente, de vida plurinacional—, la historia boliviana se ha tejido entre avances políticos, expresiones culturales poderosas y una sociedad que, con todas sus diferencias, ha buscado construir un destino compartido.
La dimensión política: entre golpes y democracia
Desde 1825, Bolivia ha atravesado todos los matices posibles del ejercicio del poder: desde gobiernos caudillistas del siglo XIX, pasando por la Revolución Nacional de 1952 que transformó estructuras fundamentales como la tierra y el voto universal, hasta los años de dictaduras militares del siglo XX. La democracia recuperada en 1982 se mantiene como una conquista colectiva, aunque no exenta de tensiones.
En las últimas dos décadas, la política boliviana ha girado en torno al proceso de cambio encabezado por Evo Morales, el primer presidente indígena, quien lideró una nueva Constitución (2009) que transformó al país en un Estado Plurinacional, reconociendo a las 36 naciones originarias y sus derechos colectivos. Este hito marcó un punto de inflexión en la historia institucional del país.
Los años recientes han estado marcados por la polarización, el conflicto poselectoral de 2019, el regreso del MAS al poder en 2020 y una democracia aún frágil, con un sistema judicial cuestionado y una clase política que enfrenta el desafío de reconstruir la confianza ciudadana.
Cultura: resistencia, identidad y globalización
Bolivia es un país profundamente cultural. Desde los textiles andinos, las danzas patrimoniales del Carnaval de Oruro, la música y danzas de las Misiones Jesuíticas de Chiquitos y las cosmovisiones indígenas, hasta la literatura de Franz Tamayo, la poesía de Yolanda Bedregal o el cine emergente de los últimos años, la producción cultural ha sido tanto refugio como herramienta de resistencia.
El Bicentenario también celebró una Bolivia que ha aprendido a reivindicar sus raíces sin dejar de dialogar con el mundo. El reconocimiento del Día del Estado Plurinacional, la incorporación del idioma quechua y aymara en espacios públicos, y la reivindicación de símbolos como la wiphala y la flor de patujú, son muestras de un país que se reencuentra con su alma originaria.
Al mismo tiempo, la música urbana, el diseño boliviano y las redes sociales son parte de una juventud que se expresa en nuevos lenguajes, desafiando los estereotipos del ser boliviano del siglo XXI.
Sociedad: desigualdad persistente, pero también esperanza
Socialmente, Bolivia ha reducido la pobreza de forma significativa en los últimos 20 años, pero la desigualdad sigue siendo un reto estructural. El acceso a salud, educación y empleo de calidad continúa siendo desigual, especialmente en zonas rurales y para las mujeres indígenas.
Sin embargo, también es innegable la emergencia de una clase media diversa, joven, urbana, crítica y digitalizada. Bolivia ya no es el país que dependía exclusivamente del estaño o del gas. Hoy se habla de litio, de industrias creativas, de startups, de inteligencia artificial, sin dejar de mirar el pasado.
Un país en construcción permanente
A 200 años, Bolivia no es un país acabado. Es un proyecto en construcción constante. Con sus heridas coloniales aún abiertas, sus luchas por justicia pendientes, y su riqueza cultural desbordante, sigue siendo tierra de utopías posibles.
El Bicentenario no debe ser solo una fiesta protocolar. Debe ser una oportunidad para repensarnos, reconciliarnos y definir qué país queremos ser. Bolivia tiene todos los elementos para construir una democracia intercultural sólida, una economía sostenible y una sociedad más justa. Pero para eso, se requiere algo más que discursos: se necesita voluntad política, compromiso ciudadano y memoria activa.
Que estos 200 años no sean solo celebración, sino también reflexión. Porque como escribió alguna vez Eduardo Galeano, “la historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será”. Que Bolivia se atreva a mirar al futuro sin perder de vista su pasado.
Maria Renee Liévana Durán Canelas
es abogada y criminóloga