Cuando el arte se encuentra con la política saltan chispas que encienden singularidades. Históricamente hablando, la política va al encuentro del arte para sacar provecho de su potencial simbólico, de su fuerza emisora. Por ello, en casi todas las épocas, políticos y artistas fueron una dupla infalible. Sin embargo, en otros momentos históricos, el arte colisionó con la política, decidió no estar a su servicio, y se rebeló encendiendo conciencias contra los poderes de turno.
Mao Zedong decía: “no existe el arte por el arte, un arte que esté por encima de las clases, un arte separado o independiente de la política”. Con esa consigna, las academias chinas promovieron el realismo socialista mientras se destruía el arte que no conjugaba con la ideología de la Revolución Cultural. Hitler hizo lo propio, destruyó y persiguió el arte moderno, aunque llevado por otra corriente ideológica.
En mayo de 1965, al concluir el golpe militar, el general René Barrientos Ortuño instruyó la destrucción del mural Historia de la mina (de 86 metros cuadrados pintado en 1953) de Miguel Alandia Pantoja, que se encontraba en la escalinata del Palacio de Gobierno de nuestra ciudad. El mural ilustraba la historia de la lucha obrera, como un homenaje a los caídos en la Masacre de 1949. Un día, Barrientos pasó por el hall de palacio subió por esas escalinatas y al ver el mural susurró un carajazo (la mala palabra, viril y castrense, que tanto fascina a los políticos en estos días) para instruir esa destrucción patrimonial.
Sesenta años después, otro exmilitar hizo pintar con brigadas de militantes lemas de su campaña y su bigote sobre un mural en homenaje a los Héroes y Heroínas de la Guerra del Chaco que el grupo alteño Ignis realizó el año 2018. Esa obra representativa del muralismo de este tiempo, se encuentra en un espacio lineal al borde de la autopista La Paz El Alto. En pleno siglo XXI, en tiempos de IA, de criptomonedas, y de brutal globalización tecnológica, los trasnochados políticos siguen pintando, pegando afiches, y embarrando nuestro paisaje urbano.
Somos una sociedad bendecida por artistas de todo tipo a los que respeto profundamente. Como el partido y el candidato que han mellado el arte del colectivo alteño Ignis no se han manifestado ni para restaurar su delito, ni para disculparse ante ese grupo de creadores, les recuerdo que el arte siempre prevalece sobre la política. Va un ejemplo histórico: el año 1975, en la repatriación de los restos de Alandia Pantoja, la multitud que salió de la Federación de Mineros coreaba “¡Alandia sigue vivo. Alandia es inmortal!”. Dudo que el bigote del político trascienda tanto como la paleta de ese gran artista.
(*) Carlos Villagómez es arquitecto