La senadora E. Warren, de Massachusetts, encabezó la presentación de la Argentina Bailout Act, que en español quiere decir “ley para refinanciar deudas argentinas”, cuyo objetivo es anular la capacidad de la administración de Trump para otorgar asistencia económica a Buenos Aires.
Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos con amplia experiencia en Wall Street, rechazó que el Congreso controle el rescate a Argentina, liderado por la senadora Warren. Prefirió un swap, un intercambio de monedas que no requiere aprobación legislativa ni compromete dólares del contribuyente.
Un swap es un acuerdo de intercambio de divisas, entre el Tesoro de Estados Unidos (TUSA) con el Banco Central Argentino (BCA), a través del cual el primero compra pesos argentinos al segundo, quien recibe dólares a cambio. Después de un tiempo, el TUSA solicita la devolución además de un pago de intereses por el periodo de utilización, pagadero en dólares. Al mismo tiempo Estados Unidos devuelve los pesos argentinos más los intereses. Usualmente esas tasas de interés son más bajas que las de mercado. El swap es de Su$ 20.000 millones.
Scott Bessent decidió sobre dos temas del swap: primero, solamente podrá ser utilizado para pagar deudas que se vencen en 2026, y por tanto no participan en operaciones para estabilizar la tasa de cambio. El objetivo es que Argentina no entre en impagos en 2026, año de vencimiento de deudas con el extranjero. Segundo, que Milei logre un acuerdo político de gobernabilidad después de las elecciones del 26 de octubre, independiente del resultado para los libertarios de Milei.
Jaime Barba, especialista en marketing y asesor de los libertarios argentinos, afirmó que Milei tendrá una mala elección el 26 de octubre. Además de sus problemas económicos, el diputado J. L. Espert, líder libertario en Buenos Aires, renunció tras descubrirse que fue financiado por un narcotraficante. En su lugar competirá Karen Reinhardt, exconejita de Playboy, contra el peronismo.
Los intereses estadounidenses van mucho más allá de lo inmediato. Estados Unidos busca influir en los círculos de poder argentinos más allá de 2027, cuando se renueve la presidencia. La posibilidad de que un nuevo presidente peronista tome el mando preocupa a Washington, dado que podría cambiar la orientación de la política económica y exterior.
El principal objetivo es reducir la creciente influencia China en Argentina. China tiene actualmente un swap de 5.000 millones de dólares con el Banco Central, renovado desde 2023, que representa una significativa presencia económica y política. Además, China mantiene un fuerte superávit comercial con Argentina, algo que Estados Unidos busca equilibrar para proteger sus propios intereses en la región.
El otro problema, más serio aún, son las relaciones comerciales con la super potencia asiática, que tiene un abultado superávit comercial con Argentina que es importante reducirlo. Para complicar más el panorama para los intereses norteamericanos, el comercio argentino y brasileño puede estar escondiendo una poderosa influencia de empresas chinas que operan desde Brasil.
Para Washington, el swap es una herramienta ideal para influir en la política monetaria argentina sin necesidad de intervención directa. Tras las elecciones, se anticipan decisiones para mejorar la competitividad de la economía y generar superávits comerciales masivos, creando un nuevo escenario macroeconómico.
En este contexto, la presencia e influencia de Estados Unidos será determinante, recomendando a Argentina las políticas que “convienen” a sus intereses estratégicos, mientras Buenos Aires intenta mantener su soberanía y autonomía económica.[Jaime Jordán Costantini]