El 20 de octubre de 2025, el Frente Polisario ha dado un paso crucial al presentar una propuesta ampliada y concreta para la resolución del conflicto del Sáhara Occidental, tomando como referencia la Resolución 2756/2024 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que ha instado a las dos partes, el Frente Polisario y el Reino de Marruecos— a ampliar sus posiciones para alcanzar una solución política seria, creíble y duradera.
Es imposible entender el valor de esta propuesta sin mirar hacia atrás. El conflicto del Sáhara Occidental no es un simple desacuerdo territorial. Es el resultado directo del fracaso de la descolonización, una herida abierta en el Magreb y una deuda histórica con el pueblo saharaui.
En 1975, tras casi un siglo de colonización española, el Sáhara Occidental fue entregado, sin consulta alguna a sus habitantes, a Marruecos y Mauritania mediante los ilegales Acuerdos de Madrid. Estos acuerdos, nunca reconocidos por las Naciones Unidas, violaron el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.
En respuesta, el Frente Polisario, fundado en 1973 como movimiento de liberación nacional, declaró la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en 1976 y enfrentó, primero, a dos potencias ocupantes. En 1979, Mauritania firmó la paz con el Polisario, reconociendo el derecho saharaui y retirando sus tropas del territorio. Desde entonces, Marruecos ha continuado ocupando una parte del territorio, con el respaldo tácito de potencias que anteponen intereses económicos al respeto de los derechos humanos.
La guerra se prolongó hasta 1991, cuando las Naciones Unidas auspiciaron la celebración de un referéndum de autodeterminación. Treinta años después, ese referéndum sigue sin realizarse por obstáculos claros de Marruecos.
La propuesta defiende el principio de libre determinación como núcleo de la solución, pero propone un modelo de convivencia que, lejos de plantear la expulsión de los colonos marroquíes, el Polisario propone garantizar sus derechos políticos, sociales y económicos en un Estado saharaui independiente, y otorgar la nacionalidad saharaui a quienes deseen formar parte de la sociedad saharaui.
Además, se propone un acuerdo conjunto para la gestión equitativa de los recursos naturales del Sáhara Occidental, una demanda histórica del pueblo saharaui, que ha visto cómo sus riquezas han sido sistemáticamente expoliadas por empresas extranjeras en complicidad con las autoridades de ocupación.
Y en un gesto de reconciliación, el Polisario propone también renunciar a cualquier tipo de compensación económica por los años de guerra y ocupación, siempre que ambas partes hagan lo mismo. Un acto de perdón estratégico, destinado a cerrar definitivamente una etapa de dolor sin perpetuar la confrontación.
El Frente Polisario reitera su compromiso firme con el referéndum de autodeterminación, y se compromete a respetar plenamente sus resultados, sean cuales sean. Llama también a Marruecos a hacer lo mismo, y a la comunidad internacional a garantizar que ese proceso se realice bajo supervisión internacional, con transparencia y garantías democráticas.
El ejemplo de Mauritania demuestra que otro camino es posible. Tras cuatro años de guerra, se firmó la paz en 1979, y desde entonces se ha consolidado una relación de cooperación, hermandad y respeto mutuo entre la RASD y Nuakchot.
Hoy, el Polisario propone a Marruecos seguir ese mismo camino. No hay obstáculo insalvable si se prioriza la voluntad política y el respeto al derecho.
Esta propuesta del Frente Polisario demuestra que la autodeterminación no es una amenaza para nadie, sino una oportunidad para todos. Una oportunidad para el pueblo saharaui de recuperar su soberanía, y para Marruecos de transformar un conflicto costoso e interminable en una relación vecinal basada en el beneficio mutuo.
En resumen, ésta es una salida negociada en la que nadie pierde:
El pueblo saharaui, porque decide libremente su futuro.
Marruecos, porque obtiene garantías para sus ciudadanos en el territorio y acceso compartido a los recursos.
La región del Magreb, porque gana estabilidad y cooperación.
Y la comunidad internacional, porque se resuelve uno de los últimos conflictos de descolonización pendientes.
Como hijo de este pueblo que ha soportado el exilio, la ocupación y el olvido, no puede sino celebrar esta propuesta como un acto de dignidad, una apuesta por la vida y una prueba de que nuestra lucha no ha sido en vano.[Ahmed Salem Mohamed Ahmed]