Cuando estamos próximos a culminar este año, cuando posiblemente estemos visualizando a dónde ir, con quién ir, con quién quedarse, con quién compartir, con qué celebrar, qué comprar, qué tenemos para consumir, qué apreciar en caso de quedarnos en casa ¿película, serie, música?, cómo sentarnos en la mesa en la hora de cenar, cómo ornamentar la casa, ¿pintar?; ¿comprar nuevas cosas para el arbolito?; a quién llamar o ver virtualmente ¿antes o después de las 12 de la noche o a las 12:01 am, teniendo en cuenta los usos horarios?; ¿los regalos ya los compraron?, ¿los empaques?; el balde de agua, para tirar su contenido a la calle; la compra de fuegos artificiales; las uvas, la sidra o vino; la maleta lista (vacía) para dar con ella una vuelta a la cuadra como augurio de viajes; ¿qué me falta?
Por lo visto, tantos preparativos generan un ambiente indiscutiblemente festivo.
Sin embargo, en lo personal, acudo a un conjunto de remembranzas, algo como suelen hacer muchos noticieros en la televisión, que realizan generalmente el primer día del nuevo año, un resumen de los principales hechos acaecidos.
Partiendo de los logros individuales y colectivos (de la familia, de las amistades), ha sido un año en el que he adquirido más ideas (las musas se han comportado de maravilla), para ser concretadas en artículos o podcast que han conllevado a lecturas o escuchas, respectivamente, que refuercen la formación en el aprendizaje a padres de familia, docentes, directores, personal auxiliar, lo que implica una palabra tan bella y a la vez compleja, como es la EDUCACIÓN. Se utilizó para ello recursos digitales tan importantes como las redes sociales, periódicos (digitales o impresos), donde he pretendido que irradie el respeto, mediante palabras, ilustraciones, que a su vez permitan la reflexión y con ello generar al menos ciertos cambios conductuales.
En lo colectivo, como logros, se incrementó la familia y, por ende, el árbol genealógico, pues sobrinas y sobrinos nos han proporcionado la felicidad de nuevos descendientes y convertirme en tío – abuelo. Ha sido un año que termina rodeado de virus y sus nuevas variantes, pero del cual no nos hemos visto afectados, cuidándonos, vacunados. Hubo un mayor acercamiento, al menos virtual, saludando y celebrando los cumpleaños de la familia, los pases de curso en la escuela; el desempeño exitoso de los mayores, cada uno en su centro de trabajo, a pesar de los bemoles sociales de cada país donde viven.
¿Y en el caso de la carta al niño Dios o a Santa Claus o Reyes magos para el año venidero? Salud, crecer intelectualmente, estudiar, aprender más, superarme; lograr más adeptos a lo que trato de transmitir, ya que con ello logro –posiblemente– sensibilizar los sentidos de los mismos, ante la carencia y, en el mejor de los casos, la insuficiencia de la información donde “conversemos” sobre temas necesarios, que se contraponen a los antivalores, que nos sobresaturan por todas partes. Por supuesto, aunque sea una semilla que prenda y cuya planta florezca, dentro de un mar de problemas sociales, que son reales, dormiré mucho mejor.
A quien lea este artículo, le deseo muchas cosas buenas, que lo que se proponga, lo alcance. Y si forma parte de su tradición, no olvide lanzar su balde con agua hacia la calle, ahuyentado con ello las penas del año que termina y dando la bienvenida a uno lleno de prosperidad y buenas vibras. ¡Feliz año nuevo! [ Ernesto González Valdés]