En 2024, Sebastian Grundberger publicó La Galaxia Rosa, en cuyo subtítulo ampliaba Cómo el Foro de São Paulo, el Grupo de Puebla y sus aliados internacionales socavan la democracia en América Latina.
Vayamos un poco atrás. Entre 1957 y 1961, en la Región se sucedieron las caídas de Rojas Pinilla en Colombia, Pérez Jiménez en Venezuela, Batista en Cuba y Trujillo en República Dominicana; Colombia, Venezuela y Cuba (que habían disfrutado de la democracia en distintas medidas) abrieron un espacio de esperanzas del regreso a cauces republicanos.
Si bien Colombia estaba inmersa en un proceso guerrillero desde 1950, pudo transitar desde entonces y hasta hoy en gobiernos elegidos democráticamente. Venezuela fue el santuario de muchos perseguidos por las dictaduras del Plan Cóndor y otros autoritarismos y hasta 1999 se sucedieron gobiernos elegidos democráticamente (con sus bemoles de corrupción muchas veces). Por el contrario, Cuba, desde muy pronto y en parte consecuencia de la miopía política de las administraciones estadounidenses de la época y mucho también por el agriamiento creciente de la Guerra Fría (más las tendencias maoístas y estalinistas de parte del liderazgo en Cuba), pasó a desempeñar la preeminencia regional del enfrentamiento al “imperialismo”. Así empezó la Primera Marea Rosa Latinoamericana —en realidad una mezcla de rojo, negro guerrillero y rosa azulado de un centro-centroizquierda—, la que duró desde 1959, concluyendo entre 1979 con la victoria sandinista en Nicaragua y 1992 para El Salvador con los acuerdos de Chapultepec y sin olvidar el golpe de Pinochet en 1973 y el período del Plan Cóndor (1975 a 1983).
La caída del Muro de Berlín en 1989 y la implosión fragmentada del bloque soviético europeo (y de la Unión Soviética en particular) hasta 1991, dejó en orfandad ideológica a toda la izquierda guerrillera latinoamericana (más allá de Fukuyama), concluyendo la Primera Marea Rosa Latinoamericana que necesitaba de parangón el “triunfo del socialismo” en el bloque soviético.
La Segunda Marea Rosa empezó “oficialmente” en 1990 con el surgimiento del Foro de São Paulo como alternativa Rosa, promovido por el brasilero Partido dos Trabalhadores y el Partido Comunista de Cuba, con Lula da Silva y Castro el Mayor liderándolos. El Foro, que ha agrupado a más de 120 partidos y organizaciones políticas desde la centroizquierda hasta la izquierda radical de 26 países de Latinoamérica más España desde 2020), empezó una expansión importante desde 1999 con la victoria de Hugo Chávez en Venezuela y de Lula da Silva en Brasil en 2002.
A Chávez, a Lula y al eterno Castro el Mayor (y luego Castro el Menor) se le agregaron los Kirchner desde 2003, Vázquez (luego Mujica) en 2005, Bachelet, Morales y Ortega en 2006, Correa en 2007, Funes (y luego Sánchez Cerén) desde 2009, Maduro en 2013 y Rousseff desde 2014, entre otros, creando un motor decisivo para la expansión de una izquierda cada vez más empoderada con el Socialismo del Siglo 21, soportada por los petrodólares venezolanos, la experiencia de expansión ideológica de Cuba y la cobertura diplomática de Brasil.
Pero factores como el retiro del Poder de Castro el Mayor en 2011, la muerte de Chávez en 2013, el fin del súperciclo de commodities en 2014 y la consecuente crisis económica venezolana, la victoria opositora en las elecciones parlamentarias de ese país de 2015 y la defenestración de Rousseff en 2016, sumados con la derrota ciudadana ese año de Morales y su escape tras el fraude en 2019, la encarcelación de Lula en 2017 y el cambio de posición de Lenín Moreno principalmente desde en 2018, llevaron a un debilitamiento significativo del Foro de São Paulo y, por ende, de la Segunda Marea Rosa. Tendría que esperar hasta 2018 con la asunción de López Obrador en México y su padrinazgo para la creación del Grupo de Puebla en 2019 en la búsqueda de convertirse el gobernante mexicano en el nuevo Líder de la progresía latinoamericana, aprovechando la muerte de Chávez y de Castro el Mayor, la crisis venezolana y la prisión de Lula.
El Grupo de Puebla (que desde sus inicios movió a distancia las crisis sociales de Chile y Ecuador en 2019, en Colombia en 2019 y 2021, en Bolivia 2020 y en Perú en 2021-2022) fue el gestor de la Galaxia Rosa que Grundberger analizó.
Sin embargo, los errores económicos de muchos gobiernos del arco de la izquierda y centroizquierda en Latinoamérica —sumado al colapso de las materias primas— dio paso a una Marea Azul que se inició recién progresivamente desde 2019 con Bukele (El Salvador) y Bolsonaro (Brasil), continuó en 2020 con los centroderechistas Abinader (República Dominicana) e Irfaan Ali (Guyana), le siguieron Chávez Robles (Costa Rica) en 2022, Peña (Paraguay) y Noboa (Ecuador) en 2023, Mulino (Panamá) y Milei (Argentina) en 2024, Paz Pereira (Bolivia) a fines de 2025 y desde el inicio de este 2026 Asfura (Honduras), Kast (Chile), Fernández (Costa Rica), Fujimori Perú) y De la Espriella (Colombia). (Arévalo en Guatemala y Orsi en Uruguay han equilibrado su relación con los miembros de la Marea Azul mientras Haití está un proceso de transición).
¿Quiénes quedan de la Galaxia Rosa? Nicaragua y Cuba, gobiernos totalitarios en graves crisis; Venezuela, a modo de protectorado en transición de los EEUU, y Brasil en cercanas vísperas electorales con Lula y Bolsonaro (hijo) disputándose las encuestas. De todo el espectro rosa, la Sheinbaum se mantiene lejos del protagonismo de su antecesor.
¿Será Azul el futuro mediato o volverá a cambiar de color? Dependerá del éxito o fracaso de las actuales administraciones.[ Por José Rafael Vilar]