En la época de la depresión -después de la segunda guerra mundial-, llegó a la Arquitectura en Norteamérica una especie de vacío iconográfico (Kenneth Frampton) y fue el stablishment norteamericano que por el apogeo del New Deal (1945-1954), acogió al movimiento moderno que afirmaba: Los hitos (edificios), deben estar destinados a hacer sobrevivir el período que se los originó.
Lo particular fue que después de la segunda Guerra Mundial, el occidente se mostró hostil a la monumentalidad de las obras de Arquitectura.
En 1943 se dio una especie de final al apoyo a cualquier clase de monumentalidad, sin embargo el triunfo moderno de 1952 en América del Norte, declaró que ni la monumentalidad de los grandes edificios, ni el funcionalismo del movimiento moderno; serían capaces de representar las aspiraciones colectivas del pueblo norteamericano.
Momentos en los que las ciudades hervían con la idea de contar con una ciudadanía que abrace la promesa de su transformación a los nuevos tiempos. Sin embargo, una parte de la población norteamericana afirmaba, que esperaba ubicarse prontamente a la sombra del Empire State (1931). Un ícono de esa gran ciudad.
Lo singular de aquello fue entender que ese nuevo concepto de ciudad, logró una transformación inminente que se reflejo en la sociedad y la vida de la población. Un cambio que se tradujo esencialmente en el habitar ciudadano en edificios de gran altura.
Hoy, después de casi noventa años, la sociedad se encuentra interactuando con la tecnología y el mundo urbano contemporáneo. Sus edificaciones cada vez mas altas, reflejan no solo a la sociedad sino, la expresan.
Algo que no se debe dejar de nombrar, es que fueron tiempos que el proceso de urbanización se encontraba en el mundo metropolitano, concebido en algunos casos, por las constelaciones urbanas que hoy se encuentran funcionalmente integradas, pero socialmente diferenciadas. Todo ello, en torno a una estructura urbana de múltiples centros, que conforman el mundo multicultural de los nuevos tiempos.
Se debe recordar que, así como la ciudad en 1930-50 fue considerada como el imán de atracción para escritores y artistas vanguardistas europeos, éstos viajaron desde Europa en búsqueda de inspiración y transformación de su arte. Un hecho, que se reflejó en el nuevo habitar de sus sociedades.
Con todo ello, fueron tiempos en los que pensadores afirmaban, que esa tendencia de transformación de la nueva vida urbana, fue una realidad inobjetable que logró transformaciones que se mantienen hasta nuestros días.
Actualmente, la ciudad contemporánea propone una especie de mirada de contenidos variables, donde la diversidad cultural forme parte de la escena urbana. Por tanto, la ciudad fragmentada de hoy debiera reforzar su relacionamiento, creando nuevas ágoras. En cuanto a los edificios en altura, seguirán manteniéndose como parte de todas las ciudades, con cambios que seguramente estarán referidos a su forma y altura.
Parece evidente que, después de mas de setenta y cinco años, se sigue pensando en la transformación de la vida ciudadana, como sucedió en los años cincuenta del siglo XX.
Lo particular es que en la era de la información, la nueva investigación urbana comenzará a concebir ágoras y edificios de sorprendentes alturas y formas. Por tanto, los espacios para todos, tendrán que ser repensados, sin olvidar a la tecnología.[ Por Patricia Vargas]