La economía no se estabiliza por decreto. Detrás de cada cifra de inflación, desempleo o crecimiento existen millones de decisiones de hogares y empresas que reaccionan a los precios, los impuestos y las expectativas. Comprender esa relación es una de las grandes contribuciones de Robert E. Hall y Michael Woodford, reconocidos con el Nobel de Economía de 2026 por sus aportes a los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica.
Los modelos neokeynesianos construidos por ambos y otros autores lograron reconciliar la macroeconomía keynesiana tradicional —que analizaba los grandes agregados macroeconómicos— con las conductas individuales y optimizadoras de las familias y empresas propias de la microeconomía. La nueva estructura keynesiana incluye competencia imperfecta y rigideces nominales que permiten explicar de mejor manera el mundo real. También otorga a la política económica un rol más activo en el mercado: la mano invisible del mercado es sustituida por la mano visible del hacedor de política económica. Esto permitió no solo dar consistencia económica entre el enfoque micro y el macro, sino también reconciliar el ciclo económico con la política de estabilización.
Hall tiene como principal aporte la redefinición de la función consumo y su evidencia empírica. En su paper «Stochastic Implications of the Life Cycle-Permanent Income Hypothesis: Theory and Evidence» (1978) demostró que el consumo se comporta como «un paseo aleatorio». En efecto, si los hogares planifican racionalmente su gasto a lo largo de la vida, los cambios en el consumo deberían seguir una trayectoria impredecible. Además, concluyó que las expectativas sobre el ingreso futuro, más que el propio ingreso presente, podrían afectar el nivel de consumo actual.
Woodford, por su parte, ofrece un marco teórico que permite comprender de manera más transparente cómo las decisiones de los bancos centrales afectan la actividad económica, cómo las empresas fijan precios y por qué las expectativas sobre las decisiones futuras importan. En su libro «Interest and Prices: Foundations of a Theory of Monetary Policy» (2003) deriva los cambios en precios como resultado de las expectativas futuras de las empresas y los precios rígidos, e incorpora el trabajo de Hall dentro de un marco completo. La política monetaria no actúa solo mediante las tasas de interés, sino también a través de la confianza en las decisiones futuras del banco central. Un anuncio pierde fuerza cuando las personas dudan de que las autoridades puedan o quieran cumplirlo. La credibilidad, por tanto, no es un complemento de la política económica sin que llega a ser parte de su mecanismo de funcionamiento.
Hall y Woodford representan perspectivas complementarias. El primero destaca la importancia de comprender el comportamiento económico, los mercados y las decisiones reales de los agentes; el segundo profundiza en los fundamentos de la política monetaria, las expectativas y los mecanismos mediante los cuales las decisiones de las autoridades repercuten en la economía. Eso ayuda a entender por qué una reducción de impuestos no garantiza más inversión; un ajuste fiscal no asegura una mejora sostenible; y una subida de las tasas de interés no controla por sí sola la inflación.
Ambas perspectivas dieron soporte teórico a los modelos de Equilibrio General Estocástico y Dinámico (DSGE), muy populares entre los hacedores de política económica, y han permitido brindar lecciones importantes sobre el momento adecuado para que la política económica contribuya a estabilizar la economía y a evitar recesiones prolongadas o inflaciones descontroladas. Gracias a este aporte nació el forward guidance, una herramienta prospectiva que permite a los bancos centrales comunicar al público sus intenciones sobre el rumbo futuro de las tasas de interés y otras medidas económicas.
Estas contribuciones tienen una especial relevancia para Bolivia. La estabilización fiscal, monetaria y cambiaria no puede consistir en una sucesión de medidas aisladas. Reducir el déficit exige considerar sus efectos sobre la producción, el empleo y los ingresos familiares. Recuperar la confianza requiere coherencia entre los anuncios oficiales y las acciones efectivas. La teoría económica no ofrece recetas universales ni elimina la incertidumbre. Su valor consiste en obligar a evaluar los costos, anticipar las consecuencias y distinguir entre resultados inmediatos y soluciones duraderas.
Al final, la estabilidad macroeconómica es mucho más que cuadrar las cuentas contables públicas o contener temporalmente los precios. Consiste en crear condiciones para que las decisiones de millones de personas sean compatibles con una economía sostenible. Ignorar ese principio puede hacer que una política luzca bien en el papel y fracase en la realidad. Ojalá estas contribuciones sean leídas por las autoridades bolivianas.
[ Por Omar Velasco Portillo]